Las pérdidas se reparten entre la red de transporte de alta tensión (~2%) y la de distribución de media y baja tensión (~3-5%). Son inevitables físicamente pero se pueden minimizar con mejor diseño de red, transformadores más eficientes y generación distribuida cercana al consumo.
Las pérdidas se computan en la facturación: el consumidor paga por la energía que la generación tuvo que aportar para que él reciba la que efectivamente consume.