Por dos motivos que se refuerzan. Primero, la demanda eléctrica española sube en invierno por la calefacción (eléctrica o bomba de calor) y la iluminación más prolongada. Más demanda en horas punta encarece el mercado mayorista.
Segundo, las renovables intermitentes producen menos: la solar fotovoltaica aporta poco por radiación reducida y días cortos. Si además la eólica falla, el sistema recurre al ciclo combinado de gas, que es la tecnología marginal más cara y la que fija el precio horario.
Dicho esto, en años recientes los veranos con olas de calor también han disparado puntas por aire acondicionado. En 2022 y 2023 hubo meses estivales más caros que enero, según el año hidrológico y los precios del gas.