España está interconectada con Portugal (capacidad fuerte, hace de Iberia un mercado único), Francia (capacidad limitada al 3% del consumo, objetivo europeo del 15%) y Marruecos (capacidad pequeña pero útil para flexibilidad).
La baja capacidad de interconexión con Francia es uno de los retos estructurales del sistema español. Limita la exportación cuando hay sobrantes y obliga a recortar renovables en lugar de venderlas. Por eso se construye desde 2014 una nueva interconexión submarina por el Golfo de Vizcaya (Cantábrico-Aquitania), prevista para 2027-2028.