Qué indica la etiqueta
La etiqueta energética europea es obligatoria en electrodomésticos, iluminación y otros productos. Resume en un golpe de vista:
- La clase de eficiencia, de la A (verde, más eficiente) a la G (roja, menos eficiente).
- El consumo en kWh al año medido con un programa o uso de referencia.
- Datos específicos según el aparato: capacidad, ruido en decibelios, consumo de agua en lavadoras y lavavajillas, etc.
El reescalado de 2021
Hasta 2021 la escala se había saturado por arriba: casi todo era A+, A++ o A+++. La nueva etiqueta volvió a una escala simple de A a G, más exigente. Un frigorífico que antes era A+++ puede aparecer ahora como C o D, aunque consuma lo mismo. No es que el aparato haya empeorado: es que la vara de medir es más estricta y deja margen para futuras mejoras en la clase A.
Cómo leerla sin confundirte
No compares la clase de una etiqueta antigua con la de una nueva: pertenecen a escalas distintas. Fíjate siempre en el dato objetivo, los kWh/año, que es comparable entre aparatos y no depende del reescalado. Muchas etiquetas nuevas incluyen un código QR que enlaza con la base de datos europea EPREL con la ficha completa.
Cuánto pesa en la factura
La diferencia entre dos aparatos se calcula directamente: diferencia de consumo (kWh/año) × precio de la electricidad. Por ejemplo, entre un frigorífico de 250 kWh/año y otro de 350 kWh/año hay 100 kWh/año de diferencia; a un precio doméstico orientativo de 0,16 €/kWh, son unos 16 € al año, que a lo largo de la vida útil del aparato (10-15 años) suman entre 160 y 240 €. Es una derivación matemática sobre el dato de la etiqueta, no una estimación al ojo.
Para ver el consumo de cada tipo de aparato, consulta las fichas de electrodomésticos con su consumo de referencia del IDAE, y la guía de cómo bajar la factura. Recuerda que el coste real también depende de cuándo lo uses: programarlo en la hora más barata del día reduce aún más el gasto.