La eólica entró en el sistema español a partir de finales de los 90 con el régimen especial. Tras la reforma de 2013 y la pausa regulatoria de varios años, se reactivó con las subastas de 2017 y la rampa renovable del PNIEC.
Su coste marginal es prácticamente cero (no consume combustible), por lo que cuando hay viento empuja el precio mayorista hacia abajo. Su talón de Aquiles es la intermitencia: no produce a demanda. La complementariedad con la solar y el almacenamiento son las palancas del próximo decenio.