Un frigorífico nuevo de clase A consume del orden de 200-300 kWh/año, mientras que uno antiguo de hace 15-20 años puede pasar de 500-600 kWh/año. La diferencia, unos 300 kWh, supone entre 70 y 100 € de ahorro al año a precios actuales del kWh.
Dicho esto, no compensa cambiar un electrodoméstico por el ahorro energético solo: la amortización del frigorífico nuevo a base de ahorro tarda 6-10 años. Sí compensa cuando el viejo ya da problemas y hay que reemplazarlo: en ese caso elegir A frente a F es un ahorro de varios cientos de euros a lo largo de su vida útil.