La inducción es más eficiente. Calienta directamente el fondo del recipiente por inducción electromagnética, perdiendo muy poca energía. La vitrocerámica calienta la resistencia que a su vez calienta el cristal y de ahí pasa al recipiente.
Un estudio comparativo típico: para hervir 2 litros de agua, la inducción tarda 3-4 minutos y consume unos 0,15 kWh; la vitrocerámica tarda 5-7 minutos y consume 0,25-0,30 kWh. En un hogar que cocina con frecuencia, la diferencia anual puede ser de 50-80 kWh.
La contrapartida: la inducción requiere recipientes ferromagnéticos (mejor con la base plana). Cualquier acero inoxidable o hierro fundido sirve; el aluminio puro o el cobre, no.